lunes, 15 de enero de 2007

Si los espacios públicos son dañados, también son deterioradas las obras privadas

Formas Visuales

Juan Carlos Palenzuela

Sentencia definitiva

Las obras de arte expuestas de manera abierta en la ciudad suelen sufrir deterioro e incluso vandalismo sin que se apliquen medidas de prevención o protección del patrimonio público (y eventualmente también en los dominios artísticos privados). Si bien los espacios públicos son generalmente dañados sin consideración alguna, de tanto en tanto también son deterioradas las obras privadas. Aunque es poco común constatar el daño infringido a una obra que pertenece a un patrimonio institucional privado, sin embargo puede suceder.

Cuando una obra es perjudicada, sea de Alejandro Otero o Carlos Cruz Diez, de la estética geométrica y cinética, la sociedad pierde su sentido cultural. Pero también al desmontar una escultura de Marisol Escobar (de 1987), dedicada a celebrar la sociedad democrática y a Rómulo Betancourt y el debate cívico, vemos como esa sociedad presenta alarmantes síntomas de descomposición; asimismo cuando es destruido el monumento del maestro Rafael de la Cova (de 1904), que conmemoraba la imagen no sólo del hombre de ultramar y su cultura, sino además aquellos conceptos que dieron a la formulación de otro continente, y otra categoría de vida, no podemos menos que desanimarnos de nuestro presente.

En 1999 el escultor Harry Abend, prestigioso Premio Nacional de Escultura, observó que un aspecto de un relieve mural en concreto de su autoría había sido "mutilado al habérsele eliminado, sin su autorización, el antiguo logotipo" del banco patrocinante. Esto derivó en una larga sucesión de conversaciones y alegatos entre el artista y el banco a los fines de llegar a un acuerdo entre ambas partes, lo que nunca se logró.

El artista intentó explicarles que no era correcto dejar "un enorme hueco, burdamente rematado con cemento, en un acto evidentemente violatorio del derecho moral de su autor" a propósito de eliminar la marca corporativa del anterior banco sin la participación del artista creador.

Harry Abend expuso al nuevo propietario que si bien podían modificar el logotipo, lo que no se podía aceptar era dejar el mural deteriorado, pues se trataba de una obra de arte. Las autoridades de la institución bancaria no comprendieron el planteamiento de Abend e insistieron en dejar el mural truncado, lo que conllevó a que el artista buscara una solución por la vía judicial.

Abend siempre pensó que un banco cuidaría su obra como parte de su colección privada. Pero no fue así.

Los abogados del maestro Abend alegaron "el derecho a la integridad de la obra como derecho moral del artista" y en 2006 el tribunal dictaminó a favor del accionante.

Lo que fue un "abuso" tendrá ahora reparación debido a una sentencia que obliga a la institución financiera a sufragar los gastos de restauración del mural, e incluso exigiendo que sea el propio artista el llamado a realizar esa tarea.

La obra al estar en un gran espacio público, aunque sea privada, comprende responsabilidades incluso sobre su mantenimiento y conservación. Es poco común ver maleada una obra de arte citadina de procedencia privada, por lo que es más difícil aún ignorar su lesión. Esta vez se hizo justicia.

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